jueves, 3 de abril de 2014

Peruanos ¿Ayayeros?



Ayayero, sobón, adulador, chupamedias, halagador, lisonjero, lameculos. En nuestra variopinta comunidad, ¿quién no se ha encontrado con personajes tales? A menudo se los ve, caminando por la calle, con su fraudulenta sonrisa, con ademanes lisonjeros, hincándose para saludar, arrastrándose para olfatear el culo respingado de su caudillo de turno.

Por más inconsecuente que sea la decisión u opinión de su líder, este tipo de personajes mezquinos, asiente para celebrar tamaña barrabasada como si fuese la más lucida lubricación de un genio superlativo.
Algunas veces se los ve, departiendo el desayuno, almuerzo o menú, alrededor del jefe, caudillo, líder, señor. Como meros cortesanos anodinos, un día son de izquierda y otro día son de derecha. Otras veces hasta cocinan, misma hembrita (con respeto a las damas); también son capaces de mentir, encubrir cualquier cosa, por solo ganarse el favor de su papi su churro su Ricky su rey.

Sea cual fuese el lugar o la institución, ahí están enturbiando cualquier consecuente acción de progreso. Pues sí, en nuestra peruanísima sociedad, donde todo es al revés, es donde abundan. Aquí, donde al que trabaja, desea progresar o mejorar algo, lo marginan, lo tumban, pues el ya conocido deporte nacional: apedrea a quien está arriba o quiere subir, es practicado con licencia por los ayayeros.  Aquí, donde la meritocracia es una utopía, que provoca nauseas a tan abyectos personajes, pues solo basta la lisonja, la vara, la sonrisita fingida, el fraude, la coima,  el serrucho, la maleta.
 Deshojar la causa,  del por qué existen este tipo de personajes, es adentrarse a los parajes del instinto de las comunidades de simios, donde el macho alfa es el rey y los demás machos le acicalan y hasta someten completamente ante el predominio del alfa. Pero, ¿Supuestamente no somos humano?. O si nos gustan otro tipo de teorías, podríamos decir que es una especie de herencia colonial, el gusto por las monarquías y los virreyes, y las conductas cortesanas, quedo tan arraigado que se desarrolló en linsonja, ayayería y cortes más modernas.  Pero tal vez, haya alguien que intrépidamente afirme que es parte del repertorio emocional de los peruanos, una especie de estrategia de avanzada para el manejo de las relaciones interpersonales y el alcance de sus objetivos egoístas, algo que se ha desarrollado en sobremanera para compensar la falta de ciertas capacidades cognitivas, el deseo de mejora personal y comunal, así como de disciplina, respeto y demás valores positivos. ¿O es que el peruano es solo inteligente para lo malo, para la chanza, para la criollada?
O es que, como afirma Alonso Ocampo: Probablemente la mayoría de peruanos tengamos alguna enfermedad mental que nos negamos a aceptar, solo así podríamos explicar cómo es que seguimos alimentando este círculo vicioso donde no podamos identificar con claridad los objetivos superiores de nuestra sociedad.     ¿Será así?

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